Moda de primera dama

Las primeras damas siempre son motivo de fascinación y escrutinio, y la moda ha variado a través de los años para estas mujeres que, una vez que llegan a la Casa Blanca, tienen que decirle "adiós" a la ropa común y corriente.

Teresa Heinz Kerry, la esposa del aspirante a la presidencia de Estados Unidos por el partido demócrata, aunque en público luce relajada y dice lo que piensa, pocos esperan que pase inadvertida si en noviembre se convierte en la primera dama de este país.

Para muchos, ella es la antítesis de la primera dama, Laura Bush, considerada una de las mujeres más elegantes y correctas. Después de cuatro años en la Casa Blanca, la esposa del presidente George W. Bush ha sabido mantener su "look" formal con sus conjuntos en tonos sobrios y en telas de suprema calidad, que engalanan su figura. Su cabello, siempre bien arreglado, y su rostro, sencillamente maquillado, nunca delata una mala noche.

La fascinación por la ropa que usan nuestras primeras damas comenzó con Jackie Kennedy y luego continuó con Nancy Reagan y Hillary Clinton. Esta última revolucionó el vestuario tradicional de una primera dama, al adquirir ajuares casuales y cómodos, conjuntos de pantalones, faldas y vestidos largos muy prudentes, que la ayudaron a entrar directito a la lista de las mujeres mejor vestidas.

Y si la Clinton se impuso con su modernidad, Nancy Reagan lo hizo con su feminidad, su impecable manera de vestir, y su plena confianza en su diseñador favorito: Oscar de la Renta.

Jackeline Kennedy también sirvió de inspiración a diseñadores que van desde Valentino hasta Emilio Pucci con su fresca belleza, facciones perfectas y una sonrisa de un millón de dólares.

Por supuesto todas consultaron expertos en imagen para brillar en la Casa Blanca, porque saben que lo que luzcan y cómo lo luzcan dice más que mil palabras.